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Dos mujeres israelíes escogen diferentes caminos

2.09.04

 

 

Por Martin Smedjeback *

 

Fotos sin cargo disponibles, ver abajo.

 

Maya, de 20 años, y Lior, de 18, han vivido toda su vida en Israel. Son parte del mismo pueblo, tienen una historia común, han ido a escuelas del mismo tipo. Sin embargo, han escogido dos itinerarios vitales muy diferentes. Mientras que Maya daba brillo a sus botas en una base militar de Gaza, Lior se manifestaba contra el Muro. Pero ambas mujeres comparten el sueño común de que algún día llegue a reinar la paz entre israelíes y palestinos.

 

Todos los ciudadanos israelíes, hombres y mujeres, reciben un aviso de reclutamiento a los 16 años. Dos años después han de incorporarse al ejército. Pocos meses antes de recibir el aviso, Lior decidió que no quería servir en una unidad de combate ni llevar un arma. Más tarde, decidió negarse en absoluto a incorporarse al ejército. "En mi clase, la mayoría discutían con mucha franqueza sobre el servicio militar -recuerda-. Muchos se extrañaban de que yo me negara, y de que pudiera imaginar un mundo sin ejércitos y cosas de esas. Pero mis padres reaccionaron muy mal, sobre todo mi padre, que había sido general del ejército durante más de 20 años. Lo tomó de modo muy personal."

 

Maya, en cambio, no tuvo dudas sobre el alistamiento en el ejército. "No, la ley es así, aunque no me guste incorporarme al ejército -dice-. Puedo entender en parte que alguien se niegue, porque el ejército hace cosas con las que no estoy de acuerdo. Pero aunque lo veamos como una opción, en realidad no lo es. Se va al ejército a menos que de verdad, de verdad, se quiera crear conflictos."

 

En un país en que el servicio militar es una experiencia compartida por todos -hombres y mujeres, desde los 18 hasta los 45 años de edad- la importancia del ejército en el talante ético israelí es evidente. Los hombres han de permanecer tres años en el servicio activo y diez en la reserva hasta la edad de 45. Las mujeres están dos años en el servicio activo, pero la mayoría no sirven en la reserva.

 

"El ejército es realmente una parte importante de nuestras vidas -explica Maya-. Crecemos sabiendo que seremos soldados. Tenemos algo, además de ser israelíes, que nos mantiene juntos. Todos hemos pasado por las mismas experiencias. Todos hemos disparado con un arma, todos hemos vestido el uniforme... Es parte de nuestra vida."

 

Lior reconoce la verdad de las palabras de Maya: "La mayoría de mis amistades también se han negado al servicio militar, de manera que no hay tanto problema. Pero cuando me reúno con amigos y amigas de mi escuela, siempre hablan del ejército... Es duro, porque no me siento parte de sus conversaciones."

 

<span style="font-weight: bold; "»» Dos tipos de vida diferentes

 

Los caminos escogidos por Maya y Lior han llevado a dos estilos de vida muy diferentes. Maya, por ejemplo, no pertenece a organización alguna aparte de la Fuerza de Defensa de Israel, mientras que Lior, que vive en casa de sus padres antes de empezar a ir a la universidad, es miembro activo del movimiento israelí por la paz.

 

"No se me permite ser miembro de nada que no sea el ejército -dice Maya-. Y no tendría tiempo para otra cosa."

 

Maya servía en una base militar en los Territorios Ocupados en Gaza. Una de las funciones de su unidad era proteger un asentamiento israelí en el norte de Gaza. "Era muy curioso, porque no importaba que se fuera de derechas o de izquierdas -dice-. Todos los que llegaban al asentamiento decían: 'Este es el asentamiento más estúpido del mundo. Habría que retirarlo.'" El primer ministro israelí Ariel Sharon está de acuerdo en que este asentamiento será uno de los primeros en suprimirse si se llega a ejecutar el plan de retirada de Gaza.

 

A pesar de tener que proteger asentamientos israelíes en Gaza que ella misma cree que no deberían estar allí, Maya encontró una razón para estar satisfecha de su misión. "Me pareció que estaba haciendo lo que podía para ayudar a los palestinos, porque trataba de favorecerlos en todo -explica-. Si alguno de mis colegas se portaba mal o decía algo malo de los palestinos, yo discutía con él o le reñía."

 

Cuando Lior inició sus estudios preuniversitarios, se incorporó a la rama juvenil de la mayor de las organizaciones pacifistas israelíes, Paz Ahora. Contribuyó a organizar manifestaciones pacifistas y tuvo también ocasión de conocer a gentes más radicales que sus amigos y amigas. Estas personas, israelíes como ella misma, asistían a manifestaciones en los Territorios Palestinos Ocupados, y eran antisionistas. Después de algún tiempo, empezó a ir también a manifestaciones en Cisjordania. Entró en una red llamada Anarquistas contra los Muros, grupo que realiza acciones directas contra el "Muro de separación" de Israel, parte del cual se está construyendo en suelo palestino. Actualmente acude a manifestaciones casi cada semana, la mayoría para protestar contra el Muro.

 

Israel se enorgullece de ser una democracia, uno de cuyos principios es la libertad de información. Lior se siente frustrada porque ve una decidida falta de información en la sociedad israelí. "El Muro, por ejemplo -explica-. La mayoría de los israelíes no han visto lo que el Muro está haciendo al pueblo palestino. No creo que sepan que el Muro penetra en las aldeas y a través de las casas. Todo lo que saben es que hay un Muro, y creen que podría ser algo bueno porque quizás traiga la paz."

 

<span style="font-weight: bold; "»» Solo un rumor

 

Los territorios de Israel y de Palestina en conjunto no son muy extensos, pero el foso entre israelíes y palestinos es ciertamente ancho. Para muchos, encontrarse con alguien "del otro lado" es algo que ocurre rara vez, salvo para los soldados que imponen la ocupación y para quienes cometen actos de terror.

 

"Antes de ir a los Territorios Ocupados -recuerda Lior- me parecía extraño considerarme yo misma como izquierdista y pacifista pero no tener amigos palestinos y no haber hablado nunca con palestinos de los Territorios Ocupados. No tenía miedo de reunirme con ellos, pero era un poco escéptica respecto a sus opiniones sobre la situación, porque todo el ambiente en la sociedad israelí propicia la idea de que los palestinos no quieren la paz. Por eso me sorprendió comprobar que era exactamente lo contrario. No creo haber escuchado nunca a un palestino decir que no quiere la paz o que quiere ocupar todo Israel, que es lo que generalmente se piensa de los palestinos en la sociedad israelí."

 

"¿Que si tengo amistades palestinas?" Maya repite la pregunta, que suscita una exclamación de sorpresa cuando la considera. "No, no hay la menor relación entre palestinos e israelíes. No los vemos. Nunca los vi hasta que me alisté en el ejército. Hasta entonces, eran solo un rumor."

 

Maya admite que sería beneficioso que hubiera más contactos entre israelíes y palestinos, pero no cree que para ella fuera muy diferente. Sin embargo, también entiende que, dada la situación actual, hay razones para mantener separados a ambos pueblos.

 

"Si yo tuviera amistades palestinas, no creo que eso cambiara mi manera de ver el conflicto, porque yo ya tomo en consideración a los palestinos -explica-. Pero creo que sería muy bueno e importante para ambas partes dialogar. La desconexión empezó ya antes, y el Muro la acentúa todavía más. Por otra parte, el Muro no se construyó para separar a los pueblos. Se construyó para separar a los terroristas de los israelíes. Se trata de decidir si uno está dispuesto a aceptar el riesgo de que lo maten."

 

En el aspecto político, Maya ve difícil encontrar un interlocutor favorable a la paz en la sociedad palestina.

 

"Hay un montón de personas de verdadera buena voluntad, que harían algo, pero que no tienen poder ni influencia sobre el resto del pueblo palestino. Puedo entender que esto sucede porque todos están divididos, y es un revoltijo, y muchos nos odian. Para ellos es difícil ir a quienes nos odian y decirles que deben poner más empeño en trabajar por la paz. Es igual de difícil para nosotros ir a los extremistas israelíes y decirles que deberíamos esforzarnos por alcanzar la paz."

 

<span style="font-weight: bold; "»» Temor y cansancio de la guerra en Israel

 

Pese a sus diferencias, ambas mujeres comparten el sueño común de que algún día habrá paz entre israelíes y palestinos. Aunque ambas ven algunos cambios positivos en el país, su optimismo está algo nublado por el temor que penetra hoy en la sociedad israelí.

 

"Desde una perspectiva amplia, el público israelí va a mejor -dice Lior-. En los años setenta y ochenta, los israelíes no estaban dispuestos a dividir el país y a tolerar un estado palestino. Hoy, la mayoría de la población israelí no tendría problema en dar los Territorios Ocupados a los palestinos si hubiera un acuerdo de paz. Pero la gente ha perdido la esperanza en los dos últimos años. Piensan sencillamente que los palestinos... quieren matarnos. La gente en Israel tiene miedo."

 

Maya ve esa falta de esperanza, pero cree que aún así hay posibilidades de paz. "Nosotros, israelíes y palestinos, convivimos haciéndonos daño constantemente unos a otros y al mismo tiempo tratando de abrir un proceso de paz. Es casi imposible. Pero creo que la gente está tan harta de guerra que está dispuesta para la paz. Los israelíes están tan cansados de la guerra que están dispuestos a dar cualquier cosa por la paz."

 

Este deseo de paz israelí se expresó el pasado 15 de mayo cuando 100 mil personas participaron en una manifestación en Tel Aviv. El mensaje que el pueblo dio a su gobierno era: "Salgan de Gaza, empiecen a dialogar." Maya estaba entre la multitud en esa manifestación.

 

<span style="font-weight: bold; "»» La muerte es parte de tu vida... Pero también lo es la alegría

 

Maya cuenta que hace un par de años, conduciendo su automóvil cerca del campamento de refugiados de Jenin, su hermano de ocho años empezó a hacerle algunas preguntas difíciles. "¿Por qué estamos en guerra con los palestinos?" -quiso saber. "Traté de responder lo mejor que pude -dice Maya, reflexiva-. Puedes pensar que no hay que meter esas cosas en su cabeza, pero cuando cada día suceden cosas terribles, él tiene que enterarse. Hay gente que muere. Es algo terrible para un niño cuando sucede constantemente. La muerte es parte de tu vida. Pero necesitas ver... que el mundo es de todos modos algo bueno y que la vida sigue siendo buena."

 

Antes de separarnos, Maya nos recomienda regresar a Tel Aviv, "porque la vida nocturna es mejor que en cualquier parte del mundo". En medio de todo el dolor, la confusión y las desavenencias, los israelíes siguen tratando de ver que la alegría es también parte de la vida.

 

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(*) Martin Smedjeback es secretario de noviolencia en el Movimiento Sueco por la Reconciliación. Durante una anterior visita a Israel y Palestina, recopiló material para un libro titulado Noviolencia en Israel y Palestina. Actualmente trabaja como acompañante ecuménico en Jerusalén.

 

Fotos sin cargo en alta resolución para acompañar este artículo están disponibles en :

wcc-coe.org/wcc/what/international/palestine/twoisraeliwomen.html

 

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El Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (PEAPI) se inició en agosto de 2002. Los acompañantes ecuménicos constatan y dan testimonio de las violaciones de derechos humanos y del derecho internacional humanitario, apoyan acciones de resistencia noviolenta junto con activistas de la paz locales (cristianos, palestinos musulmanes e israelíes), ofrecen protección mediante su presencia noviolenta, abogan públicamente por los desfavorecidos y manifiestan su solidaridad con las iglesias y con cuantos luchan contra la ocupación. El Consejo Mundial de Iglesias coordina el programa.

www.eappi.org

 

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